martes, 19 de septiembre de 2017


BESSIE SMITH. VUELVE A CASA

El programa de esta noche se constituye en el inicio de una serie de tres emisiones que vamos a dedicar a Bessie Smith, la genial cantante de blues del primer tercio del siglo pasado de cuya trágica muerte se cumplirán el próximo 26 de septiembre ochenta años.

Bessie Smith, que llegó a ser conocida como la Emperatriz del blues, es uno de los nombres míticos de la música del siglo XX, al mismo nivel que otras cantantes clásicas como Billie Holiday o Ella Fitzgerald, o que otras más recientes como Nina Simone y Aretha Franklin, las cuales ya han tenido aquí, en Buscando leones en las nubes, sus respectivos homenajes (falta tan solo Aretha Franklin, y en los próximos meses subsanaremos esa carencia).

Compartiendo con estas otras artistas, en mayor o menor medida, ciertos rasgos biográficos no demasiado amables: unos orígenes humildes, una infancia difícil, una vida proclive a los excesos, unas relaciones sentimentales conflictivas, una muy libre y a veces dificultosa expresión de la propia sexualidad, un constante coqueteo -siendo cauto en la expresión- con el alcohol y las drogas, unas frecuentes inmersiones en los abismos de la depresión, tiene también en común con ellas otros rasgos más luminosos: la potencia de su voz, la sensibilidad exacerbada, la intensidad de vida y obra, la inusual capacidad para convertir en personales, casi biográficas, las interpretaciones de unos temas que, escritos en general por otros, parecen salir de los rincones más íntimos de sus torturadas almas.

En sus cuarenta y tres escasos años de vida, Bessie Smith dejó grabados ciento sesenta temas, registrados entre 1923 y 1937, el año de su muerte. En los tres programas que ahora iniciamos os ofreceré cuarenta y tres de ellos, casi todos piezas cortas, en torno a tres minutos cada una, conforme a las posibilidades que permitía en la época la aún balbuceante industria fonográfica. La mayor parte de las canciones escogidas pueden encontrarse en Bessie Smith. The Complete Columbia Recordings, una compilación publicada en 1991, que recoge cinco volúmenes con diez cedés en los que está lo esencial de la obra de nuestra invitada.

En el muy completo cofre en el que se presentan los discos, se incluye también un interesante folleto con un extenso texto de Chris Albertson, el mayor especialista sobre la vida y la obra de Bessie Smith, autor de una biografía de referencia sobre la artista que vio la luz en Estados Unidos en 1972 y que, que yo sepa, aún no ha sido traducida al español. Diversos fragmentos de esa publicación se presentan en el programa de esta semana, como introducción a los distintos temas.

martes, 12 de septiembre de 2017


GROUCHO MARX. LO MALO DEL AMOR

Esta semana cerramos la breve serie que iniciamos hace siete días dedicada a Groucho Marx y por extensión a sus hermanos, con ocasión del reciente cuadragésimo aniversario de su muerte, el 19 de agosto de 1977. El lunes pasado me detenía en mi presentación en el comentario acerca de la importancia objetiva y también personal, en mi propia vida, de la obra de los inefables comediantes judíos. Os remito a ese programa para completar la información sobre nuestros invitados. Igualmente, os propongo la lectura de mi reseña del libro El universo de los Marx, que podéis leer en el blog de mi otro espacio en la radio universitaria salmantina, Todos los libros un libro, para haceros una idea más cabal -aquellos que no la tengáis ya bien elaborada- del talento y la significación de los geniales cómicos.

Desde el punto de vista de los textos, la presente emisión vuelve a centrarse, como la precedente, en fragmentos entresacados de la obra de Groucho, bien sean extractos de sus libros o se trate -como ocurre en la mayor parte de los casos- de sus intervenciones en distintas películas. En todos los casos estamos ante frases muy breves, muy agudas y penetrantes, muy irreverentes y políticamente incorrectas, que, en el caso de esta noche, tienen como motivo central a las mujeres, el amor o el matrimonio, siempre desde la singular perspectiva, como digo, inconveniente y ácida, transgresora y poco complaciente, rezumando humor y causticidad, derivada del descomunal ingenio de Groucho. En numerosas ocasiones es el personaje femenino que una y otra vez interpretaba en las cintas la entrañable Margaret Dumont, el que se ve obligado a soportar impertérrito las inconveniencias del iconoclasta actor.

Entre los textos, música variada entresacada de distintas filmaciones de los Marx: Plumas de caballo, de 1932, Sopa de ganso, de 1933, Una noche en la ópera, de 1935, Un día en las carreras, de 1937; El hotel de los líos, de 1938, Los hermanos Marx en el Oeste, de 1940, Tienda de locos, de 1941, Amor en conserva, de 1949, y Copacabana, de 1947, esta última con la exclusiva participación de Groucho. Como ya advertí en la emisión del lunes pasado, el origen cinematográfico de los temas seleccionados hace que en la banda sonora del programa se entremezclen piezas interpretadas por orquestas sin identificar, melifluas y empalagosas baladas románticas, interludios sobre obras clásicas, pasajes de piano o arpa a cargo de Chico y Harpo respectivamente, agitadas propuestas de jazz o blues, números colectivos de corte vodevilesco, parlamentos cantados en los que descuella la transgresora insensatez de Groucho y, en general, cualquier recurso musical empleado por los Marx para “relajar” la acción de sus trepidantes películas, poniendo pausa y sosiego entre la sucesión de sus desopilantes ocurrencias. Algunos de los intérpretes presentes en la emisión son la propia Margaret Dumont, que además de sufrir como actriz las “agresiones” de Groucho se vio obligada a cantar en alguna ocasión, Allan Jones, Kitty Carlisle, Olga Dane, Ivie Anderson, John Carroll, Tony Martin, Vera Ellen, Carmen Miranda, Virginia O’Brien y, como se ha dicho, los inefables hermanos, Chico, Harpo y, claro está, Groucho con sus desenfadadas y provocadoras intervenciones, tanto en surrealistas canciones como en insólitos parlamentos.

No me resisto a dejar aquí, en nuestra habitual sección de vídeos, la antológica escena del camarote de Una noche en la ópera. Sin música, en su versión doblada al castellano, representa la esencia del disparatado y transgresor humor “marxista”.

martes, 5 de septiembre de 2017


GROUCHO MARX. ESTOS SON MIS PRINCIPIOS

Bienvenidos a una nueva temporada de Buscando leones en las nubes que abre esta semana su decimonoveno curso saliendo al aire en la emisora universitaria salmantina. Cumplimos ya, pues, dieciocho años ininterrumpidos ofreciéndoos una muestra semanal de excelente música y no menos espléndidos textos literarios en una conjunción que siempre hemos pretendido que fuera entretenida, agradable, interesante y sugestiva.

En esta emisión inicial queremos celebrar el enorme talento artístico de los Hermanos Marx, y en particular el del inefable Groucho, de cuyo fallecimiento se cumplieron hace pocos días los cuarenta años. En efecto, el 19 de agosto de 1977 moría en Los Ángeles una de las figuras indiscutibles de la comedia cinematográfica, dejando tras de sí un legado inigualable de al menos una docena de películas, algunas de ellas auténticos clásicos, dos desternillantes libros de memorias, Groucho y yo y Memorias de un amante sarnoso, y una hilarante recopilación de guiones radiofónicos, Groucho y Chico abogados, todos ellos publicados en España por Tusquets, además de decenas de participaciones en obras de teatro, espectáculos de vodevil y programas de televisión.

Los cinco hermanos Marx, el propio Groucho, Harpo y Chico, los más conocidos, pero también Zeppo y Gummo, identificables solo para los más versados en la trayectoria de la troupe “marxista”, están indisolublemente unidos a mi vida y mis recuerdos de infancia y juventud, pues siempre fueron mis comediantes favoritos. Su humor, en particular el irreverente y disparatado, el surrealista y provocador, el agudo e ingenioso de Groucho, me ha entusiasmado desde los diez años, y aún ahora veo una y otra vez sus películas, que provocan en mí los mismos efectos que llevan causando desde hace medio siglo: carcajadas e hilaridad desatadas. El próximo miércoles, 6 de septiembre, os ofrezco en Todos los libros un libro, mi otro espacio en Radio Universidad, la reseña de un libro sobre los geniales comediantes, en la que os detallo con más detenimiento no solo los sobresalientes valores objetivos de los artistas sino también su muy especial vinculación a mi trayectoria vital. Podréis leer el extenso comentario en todosloslibrosunlibro.blogspot.com, el blog del programa.

En la sesión de hoy -la primera de una breve serie de dos centrada en Groucho- os voy a ofrecer veintiún textos cortos, frases ocurrentes, réplicas rapidísimas, diálogos mordaces, pensamientos fulgurantes e imprevisibles, recogidos de las películas y libros de Groucho. Se trata de significativas muestras -algunas muy populares y reconocibles- del humor inteligente, cáustico, de hiriente pero en el fondo benévola acidez, del revolucionario cómico estadounidense.

Para atemperar las risotadas que sin duda os provocarán los disparates de Groucho he optado por presentaros música extraída de sus películas. Esta noche os ofrezco piezas que aparecen en Los cuatro cocos, de 1929, El conflicto de los Marx, de 1930, Pistoleros de agua dulce, de 1931, y Una tarde en el circo, de 1939, las cuatro, auténticas joyas de la historia del cine. Los Marx solían intercalar en la tronchante sucesión de humoradas que constituían sus películas variadas piezas musicales -que cuando era niño detestaba, porque impedían seguir disfrutando de la insensatez de los hermanos- en las que muchas veces seguía prevaleciendo el despropósito y el desvarío de sus textos. Teniendo en cuenta esta peculiaridad de origen, entre los temas que esta noche escucharéis se suceden enfáticas arias de Verdi, divertidas interpretaciones de Chico al piano y reposados solos de arpa del mudito Harpo, atronadores clímax de grandilocuentes big bands y piezas de orquestas más o menos anónimas, descabellados números colectivos presididos por un absoluto desatino y almibaradas baladas románticas. A veces, también, brotan intercalados fragmentos de parlamentos, casi siempre del “verborreico” Groucho. En este heteróclito muestrario se puede apreciar el talento de Irving Berlin, Mary Eaton, Oscar Shaw, Maxime Castle, Kenny Baker, Florence Rice, Lillian Roth, Hal Thompson, Bert Kalmar, Harry Ruby, Richard Grieg, Dudley Dickerson y, como se ha dicho, los propios Harpo, Chico y Groucho.

martes, 1 de agosto de 2017


JOHN COLTRANE. MY ONE AND ONLY LOVE

Buscando leones en las nubes os da la bienvenida una semana más, aunque no una cualquiera porque hoy cerramos las emisiones por este curso y hasta el próximo mes de septiembre. Y lo hacemos con el capítulo postrero de la serie de homenaje a John Coltrane que con ocasión de cincuentenario de su muerte os estamos ofreciendo desde hace quince días.

Hoy, al igual que en la emisión precedente, os propongo un nuevo acercamiento a la dimensión más recogida, más amable, más intimista y delicada del músico norteamericano, esa que aflora en sus baladas y en discos como The gentle side of John Coltrane o en recopilaciones como John Coltrane for lovers, quizá en exceso comerciales, aunque ya sabéis que en nuestro espacio no presumimos de exquisitez y por ello no ponemos reparos a la belleza aunque venga avalada -para tantos depreciada- por la aceptación mayoritaria. Y belleza hay, a raudales, en las versiones que hace nuestro invitado -en algún caso, como ya ocurriera el lunes pasado, acompañado por la grave y magnífica voz de Johnny Hartman- de algunos clásicos, standards muy conocidos de la historia de la música popular.

Intercalados entre los temas musicales, os presento sugestivos fragmentos de My favorite things. Conversaciones con Coltrane, el libro de clarificadoras entrevistas con Coltrane, y de A Love Supreme y John Coltrane, la monografía de Ashley Kahn sobre la obra mayor del saxofonista. En ellos afloran las opiniones del artista sobre su propia obra, sobre la experimentación y la creatividad, sobre la inspiración y las emociones que despierta la música.

De esta manera, Elena Villegas, responsable del buen funcionamiento de los artefactos electrónicos, y Alberto San Segundo, que pone su inspiración y su sensibilidad, sus ideas y su gusto, sus buenas intenciones y su muy mejorable voz al servicio de cada programa, os decimos así adiós, confiando en que hayáis disfrutado de la emisión y de todas las anteriores -quinientas setenta y cinco en total llevamos ya- e invitándoos a estar con nosotros dentro de un mes, exactamente el 4 de septiembre, en que empezaremos un nuevo curso con más música y más literatura. Pasad un muy buen mes de agosto. Hasta pronto. Adiós.


He estado leyendo un libro sobre la vida de Van Gogh, y he tenido que hacer una pausa y pensar en esa maravillosa y persistente fuerza: la urgencia creadora. La urgencia creadora estaba en ese hombre que se encontraba en total desacuerdo con el mundo en que vivía. Y, a pesar de la adversidad, las frustraciones, los rechazos, un arte vivo y magnífico surgió de él, desbordándolo. ¡Si pudiera estar aquí hoy! La verdad es indestructible. Por lo que se ve, la historia muestra (y lo mismo ocurre hoy) que el innovador suele ser condenado en cierta medida; generalmente según el grado en que se aleja de los modos de expresión predominantes, o como quieras llamarlo. El cambio siempre es difícil de aceptar. También vemos que esos innovadores siempre intentan revitalizar, ampliar y reconstruir el statu quo en sus respectivos terrenos siempre que sea necesario. Muchas veces son rechazados, completamente marginados, considerados ciudadanos de segunda, etcétera. Precisamente por las sociedades a las que aportan tanto sustento. Muchas veces son personas que soportan graves tragedias personales en sus vidas. Sea cual sea el caso, aceptados o rechazados, ricos o pobres, siempre les guía esa constante eterna, la urgencia creadora. Cuidémosla y alabemos por ella a Dios. John Coltrane

martes, 25 de julio de 2017


THE GENTLE SIDE OF JOHN COLTRANE

Esta semana continuamos con la serie que iniciamos hace siete días y que finalizará el próximo lunes dedicada a John Coltrane, el excepcional músico de Carolina del Norte, un saxofonista de descomunal talla artística, uno de los grandes nombres de la historia del jazz y, sin exageración, de la música popular del último siglo. Y medio siglo, cincuenta años, es lo que ha pasado desde el fallecimiento de Coltrane hasta estos días, razón por la que nuestro espacio ha querido conmemorar su inmensa figura con los tres programas que integran la serie mencionada.

Y si el lunes pasado os ofrecía la versión más áspera, más difícil y esquiva, de la obra del músico, también la más anticipadora y arriesgada, hoy nos vamos a deslizar de un modo evidente hacia su lado más amable, más intimista, más melódico, más lírico, el del excepcional intérprete de baladas que también fue -en paralelo a los experimentos y las innovaciones- John Coltrane. Así, en la próxima hora sonarán una decena de temas clásicos -muchos de ellos standards bien conocidos- reelaborados, recreados, reinventados por el magistral talento del músico. En algunos de ellos comparece la voz grave y profunda, intensa y romántica, de Johnny Hartman, que tantas veces acompañó a Coltrane.

Entre ellos, y como a lo ocurrirá a lo largo de las tres entregas de esta serie, aparecerán textos entresacados de dos obras fundamentales: My favorite things. Conversaciones con Coltrane, el libro publicado en España por la editorial Alpha Decay, en su colección Alpha Mini, que recoge, con la traducción de Isabel Nuñez, tres entrevistas del artista con periodistas musicales franceses a principios de la década de los sesenta del pasado siglo, junto a una interesante carta de Coltrane a otro periodista, Don DeMichael. Igualmente encontraréis citas de A Love Supreme y John Coltrane, la obra de referencia inexcusable del experto Ashley Kahn.


Quisiera aportar a la gente algo que se parece a la felicidad. Me gustaría descubrir un procedimiento tal que sólo deseando que lloviera, se pusiera enseguida a llover. Si uno de mis amigos se pusiera enfermo, yo tocaría cierta melodía y se curaría; si se arruinara, yo interpretaría otra canción e inmediatamente recibiría todo el dinero que necesitara. Pero cuáles son esas piezas y cuál es la vía que debo recorrer para lograr su conocimiento, lo ignoro. Los auténticos poderes de la música son aún desconocidos. Quisiera provocar reacciones en los oyentes de mi música, llegar a crear auténticos climas. John Coltrane


martes, 18 de julio de 2017


JOHN COLTRANE. MY FAVORITE THINGS

En las tres emisiones que restan para finalizar el curso, empezando por la de esta semana, vamos a centrarnos en una figura esencial en el influyente mundo del jazz -y por extensión en el de la música en general- del siglo XX. Se trata del saxofonista John Coltrane, que murió el 17 de julio de 1967, ayer hizo, pues, cincuenta años exactos.

Con ocasión de este aniversario vamos a repasar, como digo en tres programas consecutivos, su inmensa figura a partir de una muestra de una treintena de sus temas principales y más representativos, aunque hay que advertir de antemano, no obstante, que una obra de una magnitud tan inabarcable como la del músico norteamericano -una mera consulta a la Wikipedia permite constatar la existencia de más de cien álbumes grabados en sus cuarenta años de vida- resulta imposible de “resumir” en apenas tres escasas horas de radio.

La estructura de los programas será, en todos los casos, idéntica, aunque con ligeras variaciones de enfoque entre ellos. El núcleo central de cada espacio será, como parece obvio, su música, de la que os dejo una antología elegida con criterios no solo objetivos -piezas musicales con carácter emblemático, descriptivas de las líneas maestras de la producción artística de Coltrane- sino también rabiosamente subjetivos, con una estrecha vinculación a momentos señalados en mi propia biografía, en la que el saxofonista de Carolina del Norte ha ocupado un lugar preponderante y hasta -si exagero levemente- trascendental.

En este sentido, y simplificando en exceso mi lectura de la obra de Coltrane, podríamos decir que podemos encontrar, al menos, dos grandes vertientes en su música. Hay, sin duda, una vía vanguardista y rompedora, revolucionaria, de experimentación y osadía, de descubrimiento e investigación, de innovación y cambio, de rugiente frenesí, de agitación y de enfrentamiento en ocasiones violento -en términos artísticos- con las convenciones del jazz de su época; una vía que se refleja en las interpretaciones basadas en la improvisación, los largos solos, la quiebra de las estructuras musicales consabidas y habituales, las piezas de difícil -a veces imposible- “acceso” para los oídos del profano; y hay también otra vía, más lírica, más melódica, más asequible, en la que -sin perder el espíritu de indagación y aventura, de exigencia y riesgo; y por supuesto con talento y maestría- se recrean clásicos de la música popular, famosos standards del jazz o temas bien conocidos de la tradición folklórica anglosajona.

Pese al impacto que en mi vida provocó la primera de esas dos facetas -sobre todo a raíz de la lectura de Rayuela, la novela de Julio Cortázar que me mostró a Coltrane y me hizo entrar apasionadamente en la inmensidad de su obra-, pronto pude constatar que es esa otra dimensión más “ligera”, la de las baladas, la de las “canciones” en el sentido más convencional del vocablo, se acomoda mejor a mi personalidad. Con poco más de veinte años, ya me deleitaba con el doble disco The gentle side of John Coltrane, que recogía ese lado amable, tierno, suave y delicado, de una exquisita sensibilidad, del artista.

Siguiendo esa doble lógica, y aunque en cada uno de los tres programas aparecerán muestras de ambas líneas, dejo esta primera emisión para las piezas con una mayor complejidad, más abruptas incluso, que alcanzaron su máxima expresión en la obra de Coltrane en A love supreme, su obra maestra de 1964.

El cierre de esta noche lo pondrá la larguísima y excepcional revisión que hace Trane de My favorite things, quizá la canción más conocida de la película Sonrisas y lágrimas, una prueba ejemplar de cómo el talento del músico es capaz de “desarticular” -hoy se diría deconstruir- una melodía convencional hasta convertirla en una hipnótica e intensa experiencia sonora. Una cinta -una casete, en el lenguaje de la época- de este disco me acompañó durante decenas de horas en el alegre ocio de mis primeros años de profesor, en los que no hacía más que crecer mi fascinación por Coltrane y su grupo de acompañamiento “canónico”, con McCoy Tyner al piano, Elvin Jones a la batería y Jimmy Garrison al bajo, un trío presente en gran parte de las interpretaciones de estos tres programas.

Las dos últimas entregas de la serie, en cambio, os ofrecerán la ocasión de disfrutar la absoluta belleza de una veintena de temas intemporales, en interpretaciones magníficas, a la vez clásicas e innovadoras, de nuestro invitado de hoy.

Entre los temas musicales, os ofrezco fragmentos de algunos interesantes libros sobre Coltrane. En concreto, han sido dos mis fuentes de referencia a la hora de confeccionar los programas. La mayor parte de las citas proceden de My favorite things. Conversaciones con Coltrane, un librito de la editorial Alpha Decay, en su colección Alpha Mini, en el que, con la traducción de Isabel Nuñez, se recogen tres entrevistas del artista con Michel Delorme, Jean Clouzet y Claude Lenissois, en 1962, 1963 y 1965, y una sustanciosa carta de Coltrane a otro periodista, Don DeMichael. Además, hay algunos textos extraídos de A Love Supreme y John Coltrane, el ya clásico estudio de Ashley Kahn.

martes, 11 de julio de 2017


A PROPÓSITO DE LAS MUJERES

Una vez más Buscando leones en las nubes os ofrece una emisión muy femenina, con textos y temas musicales debidos íntegramente a mujeres. Hace unos meses, a finales de marzo, dedicaba mi otro espacio en la emisora universitaria salmantina, Todos los libros un libro, a la escritora italiana Natalia Ginzburg, de cuya interesante obra os hablé en una reseña que ahora podéis recuperar en el blog del programa, del mismo título. Uno de los volúmenes que entonces os presenté, una colección de cuentos agrupados bajo la rúbrica A propósito de las mujeres, venía precedido, en la edición de Lumen, por un breve pero sustancioso prólogo, en el que la autora disecciona con agudeza e inteligencia -y también con las limitaciones de la época en que fue escrito, a mediados del siglo pasado (no sé si su descarada franqueza provocará hoy, en estos tiempos de corrección política, más de un rechazo)- algunos rasgos significativos de la personalidad femenina, dando cuenta de las frustraciones y los miedos, de las esperanzas y la angustia, del cansancio, el aburrimiento y el dolor, del sufrimiento, la tristeza y la melancolía, de la infelicidad y también de las ansias de libertad de las mujeres. Ese texto, casi íntegro y que os dejo también aquí en el blog como cierre a esta presentación, estructura la parte literaria del programa.

Entre los distintos fragmentos suenan una decena de canciones interpretadas también por mujeres; temas todos que cuentan con las notas de recogimiento e introspección, de elegancia y delicadeza que constituyen los rasgos más característicos de la mayoría de las propuestas musicales de Buscando leones en las nubes. Malene Mortensen, Ina Forsman, Paola Turci, Lotte Kestner, Thilda, Silje Nergaard, Krista Johnson, Cara Matthew, Simone Kopmajer y una de nuestras invitadas favoritas, Ingrid St-Pierre, con su aniñada y deliciosa voz.


He conocido a muchísimas mujeres, a mujeres tranquilas y a mujeres no tranquilas, pero también las tranquilas caen en el pozo: todas caen en el pozo de vez en cuando. He conocido a mujeres que se consideran muy feas y a mujeres que se consideran muy guapas, a mujeres que viajan y a mujeres que no, a mujeres que sufren dolor de cabeza de vez en cuando y a mujeres que nunca lo sufren, a mujeres que se lavan el cuello y a mujeres que no se lo lavan, a mujeres que tienen muchos hermosos pañuelos blancos de hilo y a mujeres que no tienen pañuelos o, si los tienen, los pierden, a mujeres que llevan sombrero y a mujeres que no llevan, a mujeres que temen estar demasiado gordas y a mujeres que temen estar demasiado delgadas. He conocido a mujeres que se pasan el día en el campo con la azada y a mujeres que parten la leña con la rodilla y encienden el fuego y preparan la polenta y mecen al niño y lo amamantan, y a mujeres que se aburren mortalmente y asisten a cursos de historia de las religiones, y a mujeres que se aburren mortalmente y sacan a pasear al perro, y a mujeres que se aburren mortalmente y se dedican a martirizar a quien tienen a mano, a su marido o a su hijo o a la criada, y a mujeres que salen por la mañana con las manos amoratadas por el frío y una bufandita al cuello y a mujeres que salen por la mañana moviendo el trasero y contemplando su reflejo en los escaparates, y a mujeres que han perdido su trabajo y se sientan a comer un bocadillo en un banco del jardín de la estación a empolvarse ligeramente la cara. He conocido a muchísimas mujeres, y ahora estoy segura de descubrir en ellas al cabo de un rato algo digno de conmiseración, un problema mantenido más o menos en secreto, más o menos grande: la tendencia a caer en el pozo y encontrarse con una posibilidad de sufrimiento infinito que los hombres no conocen tal vez porque gozan de mejor salud o son más capaces de olvidarse de sí mismos y de identificarse con su trabajo, más seguros de sí y más dueños de su cuerpo y de su vida, y más libres.

Las mujeres comienzan en la adolescencia a sufrir y a llorar en secreto en su habitación, lloran por culpa de su nariz o de su boca o de alguna parte de su cuerpo que no les gusta, o lloran porque creen que nadie las querrá nunca, o porque tienen miedo de ser estúpidas, o porque tienen miedo de aburrirse en vacaciones, o porque tienen pocos vestidos: estas son las razones que se dan a sí mismas, pero en el fondo no son más que pretextos y en verdad lloran porque han caído en el pozo y saben que a lo largo de su vida caerán en él a menudo, lo que les hará más difícil llevar adelante algo serio. 

Las mujeres piensan mucho en ellas mismas y piensan de una forma amarga y febril que los hombres desconocen. Es muy difícil que lleguen a identificarse con el trabajo que realizan, es difícil que consigan emerger de esas aguas oscuras y dolorosas de su melancolía y olvidarse de sí mismas. 

Las mujeres tienen hijos y cuando nace el primer niño aparece en ellas una nueva especie de tristeza hecha de cansancio y miedo, y aparece siempre, incluso en las mujeres más sanas y tranquilas. Es el miedo a que el niño enferme, o es el miedo a no tener suficiente dinero para comprar cuanto necesita el niño, o es el miedo a tener la leche demasiado grasa o a tenerla demasiado líquida, es la sensación de no poder viajar tanto como antes, o la sensación de no poder dedicarse ya a la política, o la sensación de no poder volver a escribir o de no poder pintar como antes o de no poder escalar montañas como antes por culpa del niño; es la sensación de no poder disponer de la propia vida, la preocupación de tener que protegerse de la enfermedad y la muerte porque la salud y la vida de una mujer es necesaria para su hijo.

Y hay mujeres que no tienen hijos, y esta es una gran desgracia, es la peor desgracia que puede sucederle a una mujer, porque en un momento dado todo se convierte en desierto y aburrimiento y hastío de las cosas que antes se hacían con audacia, escribir y pintar y hablar de política y hacer deporte, y todo se convierte en cenizas en sus manos, y una mujer consciente o inconscientemente se avergüenza de no haber tenido hijos y empieza a viajar, pero incluso viajar es difícil para una mujer, porque tiene frío o porque le duelen los zapatos o porque se le hacen carreras en las medias o porque la gente se sorprende de ver a una mujer que viaja y mete las narices en todas partes. Y todo esto aún puede superarse, pero además está la melancolía y las cenizas en las manos y la envidia al ver las ventanas iluminadas de las casas en las ciudades extranjeras. Tal vez consigan vencer la melancolía un largo tiempo y paseen al sol con paso firme y hagan el amor con los hombres y ganen dinero y se sientan inteligentes y bellas, ni demasiado gordas ni demasiado delgadas, y se compren sombreros extravagantes con lazos de terciopelo y lean libros y los escriban, pero en un momento dado caen de nuevo en el pozo con miedo y vergüenza y desprecio de sí mismas y ya no consiguen escribir libros y tampoco leerlos, no logran interesarse por nada que no sea su problema personal, que muchas veces no saben explicarse bien y al que dan nombres diversos, nariz fea boca fea piernas feas aburrimiento cenizas hijos no hijos.

Y luego las mujeres empiezan a envejecer y se buscan las canas para arrancárselas y se miran las ligeras arrugas debajo de los ojos y comienzan a tener que ponerse fajas con dos ballenas en la barriga y dos en el trasero y dentro de ellas se sienten oprimidas y sofocadas, y todas las mañanas y todas las noches observan cómo su rostro y su cuerpo se transforman poco a poco en algo nuevo y penoso que pronto ya no servirá para nada, ya no servirá para hacer el amor ni para viajar ni para practicar deporte, sino que será algo que ellas mismas deberán cuidar con agua caliente y masajes y cremas o bien dejarlo que vaya devastándose y marchitándose bajo la lluvia y el sol y olvidar el tiempo en que fue bello y joven. 

Las mujeres son una estirpe desgraciada e infeliz con muchos siglos de esclavitud a sus espaldas y lo que tienen que hacer es defenderse con uñas y dientes de su malsana costumbre de caer en el pozo, porque un ser libre no cae casi nunca en el pozo ni piensa siempre en sí mismo, sino que se ocupa de todas las cosas importantes y serias que hay en el mundo y solo se ocupa de sí mismo esforzándose por ser día a día más libre. La primera que debe aprender a actuar así soy yo, porque de lo contrario seguro que nunca podré hacer nada serio y el mundo no progresará mientras esté poblado por una legión de seres que no se sienten libres.